Rotterdam, esa ciudad situada al oeste de Holanda, estaba de celebración, no por fiesta nacional, ni siquiera local, ni tampoco porque se hayan celebrado elecciones, si no por una cosa que muchos dirían que es algo secundaria, el fútbol. La ciudad estaba llena de visitantes no por ver sus museos ni su puerto, solo estaban allí para ver un partido de fútbol, mejor dicho: “El partido de fútbol”.
Ese partido era la final de la KNVB Beker, como se denomina la Copa de Holanda, y se enfrentaban dos equipos con aficionados que no tenían nada que ver con Rotterdam, más exactamente en el estadio del Feyenoord, De Kuip. Esos dos equipos eran PSV Eindhoven y el Heracles Almelo, dos equipos de dos ciudades que no tienen nada que envidiar al Rotterdam, pero por una vez tendría que ir allí. ¿Los motivos? Pues cada equipo tenía el suyo, por parte del Heracles, porque estaban haciendo historia, era la primera vez que llegaban a una final, como máximo habían llegado a la semifinal de esta misma competición, y por otro lado, por el contraposición, estaba el PSV Eindhoven, equipo histórico de la Eredivisie que no venia para hacer historia, ya que ha ganado hasta en 8 ocasiones este torneo, venia por otro motivo más necesario, si ganaba este trofeo salvaba la temporada, ya que se encuentra muy lejos de su objetivo en liga, la primera plaza.
Los dos equipos ponían toda la carne en el asador, su equipo de gala por uno y otro lado, solo había un pero, ese era Tim Matavz, el delantero esloveno no era titular, en su lugar jugaría Jeremain Lens, un jugador del cual se ha hablado mucho esta temporada, de si tenía que jugar más o si su posición debería ser en banda o en punta. Arrancaba el partido y el PSV era el claro favorito en todas las apuestas. Las primeras oportunidades fueron para los de Eindhoven, solo contrataques esporádicos era el tiempo que tenía el Heracles el balón. Los de Phillip Cocu lo intentaban, pero tenían dos barreras que atravesar, una era la defensa del rival, muy dura y con muy pocos fallos, algo poco habitual en Holanda, y otra era la formidable forma en la que se encontraba Remko Pasveer, el portero del Heracles, donde fue principal protagonista durante toda la primera parte, hasta que llego el gol del PSV.
El encuentro se decidió por la calidad de los equipos, y el que era favorito fue el que se llevo el gato al agua. El Heracles lo intento, pero con poca fortuna, con dos enemigos claros, Przemysław Tyton y los palos. Los goles fueron cayendo poco a poco, primero fue Ola Toivonen, donde se discutió si era fuera de juego. Luego en un fallo de la defensa y una mala salida de Pasveer puso de cabeza el segundo gol Dries Mertens. Por último, en un contraataque vino la sentencia por medio del discutido Lens, que supuso el tres a cero final.
Para los jugadores del Heracles fue un verdadero batacazo, ya que habían jugado bien a pesar del dominio del PSV, solo dos fallos y un gol en posición dudosa les dejaron con un final amargo de esta bonita historia. Pero no es todo malo para los de Almelo, este equipo joven ha hecho historia llegando a la final, y los aficionados lo agradecieron, y animaron de principio a fin, con un despliegue de canticos, pancartas de apoyo y aplausos al entrar y salir del campo. Fue verdaderamente una fiesta para este equipo pequeño, que solo ha conseguido dos trofeos oficiales en su historia, dos ligas, la ultima en la temporada 1940/41.
Estar atentos al Heracles Almelo la próxima temporada, tiene una plantilla unida y con jugadores de calidad y jóvenes. No digo que vayan a pelear por la liga pero pueden hacer más bonita aun esta Eredivisie. Ya solo queda felicitar al PSV Eindhoven por esta victoria, la primera del ex barcelonista Cocu y que sirve para salvar la temporada, ahora les toca luchar por una plaza para la UEFA Champions League.



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